Cada mañana

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Cada mañana de él

Se levantaba cada mañana antes que yo.

No me despertaba.

Ni siquiera sabía si me miraba.

Ni siquiera sabía si le gustaba.

Ni siquiera sabía si me quería.

Preparaba café. Para uno. No lo compartía. Nunca.

Bebía. Sola. En silencio.

No me despertaba. Eso creía ella. Me despertaba.

Cada mañana hacía lo mismo.

Cada mañana me preguntaba si le gustaba.

Cada mañana me preguntaba si me quería.

Cada mañana me despertaba el perfume de su piel. El aroma de café. El silencio de su despedida.

Ella me gustaba. La quería.

 

Nunca se lo dije.

Cada mañana de ella

Se levantaba cada mañana antes que él.

No le despertaba.

Ni siquiera sabía si le gustaba el café.

Ni siquiera sabía si le gustaba.

Ni siquiera sabía si le quería.

Preparaba café. Para ella. No lo compartía. Nunca.

Bebía. Sola. En silencio.

No le despertaba. Eso creía ella. Le despertaba.

Cada mañana hacía lo mismo.

Cada mañana se preguntaba por qué no le gustaba.

Cada mañana se preguntaba por qué no le quería.

Cada mañana le despertaba dejando el perfume de su piel. El aroma de café. El silencio de su despedida.

Él le gustaba. Le quería.

 

Nunca se lo dijo

Cada mañana de ellos

Se levantaban cada mañana

Preparaban café. Para uno.

Bebían. Solos. En silencio.

En sus pisos sólo quedaba el aroma a café.

Nunca se dijeron que querían compartir ese café.

Beberlo. Juntos. Conversando.

Nunca se dijeron que se gustaban.

Nunca se dijeron que se querían.

 

Ya nunca se lo dirán.

 

Yannick Peñalver @yannickpenalver